La inauguración de mi próxima exposición individual estaba a solo un mes de distancia. Mientras Alejandro y yo finalizábamos las piezas, mi asistente, Clara, se acercó corriendo.
—Señorita Ramírez, ha sucedido algo... extraño.
—¿Qué pasa?
—Recibimos una oferta anónima de donación. —Dijo, entregándome un expediente. —El donante quiere adquirir de forma anónima todas y cada una de las obras de esta exposición.
Tomé el expediente, y mis ojos se agrandaron al ver la cifra.
Veinte millones de dólares