La oscuridad la envolvía, casi como si devorara todo a su paso.
Un aliento helado rozó su cuello, mientras unas manos delineaban su cuerpo, provocándole estremecimientos que crecían de la calidez a la que ya estaba acostumbrada. La voz de Kaelvar, grave, resonó detrás suyo, hablándole sobre su vínculo… su pertenencia eterna.
Intentó moverse, pero sus piernas estaban inmovilizadas por el cuerpo de Kaelvar sobre la cama. Se sacudió cuando la mano del Alfa descendió hasta su abdomen, acercándo