—Lo estaba manejando —murmuró Leo, haciendo un puchero involuntario.
Lia soltó una risa suave y le dio un empujón amistoso en el hombro.
—Claro que sí, experto en manejarlo todo —bromeó, rodando los ojos con una sonrisa.
—De todas formas, no creo que…
—No lo sabemos, Leo. Así que mantente alejado —dijo, esta vez, con un tono serio poco característico en ella—. Te llamé porque no quería quedarme sola con ella, y porque Alec sigue sin moverse de su ubicación.
Le mostró la pantalla de su celular,