Capítulo 41

Se incorporó con torpeza, cojeando un poco. Cada paso le arrancaba un gemido que se obligaba a reprimir, mordiéndose el labio. Pero tenía que apartarse, escapar del peso abrasador de aquella mirada. Apenas avanzó un par de pasos antes de que su voz la alcanzara.

—Esto…—empezó él, de forma un poco torpe, pero su voz fue como un roce que le quemó los oídos.

Serethia no quería escucharlo. No podía… porque si lo hacía, todo dentro de ella terminaría por resquebrajarse.

—Esto nunca debió pasar, pero no pudimos evitarlo. —Lo interrumpió en un susurro apenas audible, sin atreverse a mirarlo—. Fue un error… que debemos olvidar.

Alec se quedó en silencio unos segundos, observándola sin mostrar indicios en su rostro sobre lo que estaba pensando. Pero la joven notó como su aroma, siempre fresco y casi juguetón, se transformaba; un cambio que la estremeció bajo la súbita presión que le generaba.

—¿No debió pasar? —repitió con voz baja, en un tono casi divertido—. Curiosa forma de verlo… considera
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