Serethia observó la prenda con visible desagrado. No odiaba el aroma de Rhaerys, pero llevarlo sobre sí —al no poder marcarla directamente con él— le provocaba un hastío que le erizaba el cuerpo. Sin embargo, era consciente de que era la única forma de impedir que el olor verdadero del padre de su cachorro los delatara ante los demás nobles.
Reacia aún, dejó el himation sobre el biombo y luego alzó la mano, ajustando la tiara dorada de hojas de laurel que descansaba en la parte superior de su c