Un golpecito suave contra el cristal la hizo abrir los ojos y tardó unos segundos en comprender dónde estaba. Tenía la cabeza recostada contra la ventanilla del automóvil y una presión constante parecía taladrarle la sien.
Cuando intentó incorporarse, una punzada más intensa le atravesó la cabeza. Cerró los ojos de inmediato y se llevó una mano a un costado del rostro.
Otro golpe sonó sobre el vidrio, y sintió que le retumbaba dentro del cráneo. Giró la cabeza hacia el ruido, encontrándose con