El silencio que siguió a la propuesta del noble duró apenas unos segundos. Después, un murmullo contenido recorrió el salón mientras varios asistentes se volvían sin disimulo hacia quienes tenían a su lado para hablar en voz baja.
Rhaerys se volvió entonces hacia Serethia y tomó su mano, alzándola lo suficiente para que todos pudieran ver el gesto.
—Si decidí no marcarla —dijo, sin elevar la voz, mientras observaba a la joven—, fue para preservar su libre albedrío; no quiero que esté conmigo po