El aire frío de la madrugada golpeó el rostro de Alec cuando salieron del bar, haciéndolo estremecer levemente. Dio una última calada al cigarrillo que había encendido mientras cruzaban el pasillo y luego tiró la polilla, aplastándola con la bota. Desde que había empezado a rastrear licántropos, fumar antes de enfrentarse a ellos se había convertido en un mal hábito.
Alzó la mirada y metió las manos en los bolsillos de la chaqueta de cuero mientras retomaba su marcha, siguiendo a Victoria, que