Victoria permaneció recostada en la entrada del parqueadero y se preguntó, mientras apretaba las llaves de su auto, si había hecho lo correcto.
Respiró profundo, intentando contener las lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos.
—No tiene razón, yo…
Se mordió el labio cuando una voz en su cabeza la llamó mentirosa y tuvo que reprimir el deseo de encogerse sobre sí misma. Pese a haberle prometido a Alec ayudarlo, una parte de ella deseaba que todos sus intentos fracasaran y que jamás volvi