Serethia abrió los ojos y se encontró a Kaira de pie junto a la cama, con los brazos cruzados. La luz de la lámpara le daba en el rostro, que mostraba un semblante más vivaz, casi como cuando la había conocido. La miraba fijamente, y no pudo evitar ruborizarse al verse descubierta.
—Su respiración cambió de ritmo… y frunce el ceño cuando piensa —explicó con condescendencia—. Él tenía razón; era más consciente de su presencia de lo que le gustaba admitir —susurró para sí, y sonrió de con amargur