A su alrededor no había más que oscuridad; en el cielo no había luna ni estrellas, solo tinieblas que engullían todo.
No había suelo ni horizonte, como si estuviera flotando en la nada y, sin embargo, permaneciera de pie, inmóvil, sostenida en ese lugar.
Intentó dar un paso para alejarse, pero su cuerpo parecía estar anclado por una fuerza magnética que la mantenía prisionera. Sus músculos respondieron de forma inútil, y la frustración aplastó cualquier esfuerzo al comprender que aquel vacío n