Cuando volvió a su habitación, lamentó haber dejado solo una fina sábana sobre la cama; tenía frío, pero estaba demasiado cansada para hacer algo al respecto.
Se envolvió en la tela ligera y se recostó, extendiendo una mano hacia la almohada en busca de la camisa de Alec, como lo venía hacía cada noche antes de dormir. Sin embargo, no la encontró.
Se incorporó y levantó la almohada, buscándola, pero no había nada. Después, pensando que se había podido caer al jalar las otras sabanas, miró deba