Serethia cayó de rodillas en el piso del balcón, exhausta y con el pecho ardiéndole por el esfuerzo. Permaneció en esa posición por algunos segundos, intentando regular su respiración, y cuando por fin pudo dominar un poco el temblor en sus piernas, se incorporó.
Con cautela, desató la sábana, la jaló y se dirigió a la cama. Estando al lado, reparó en que la bandeja con la comida estaba tal como la había dejado, así que decidió esconder la prueba de su escape bajo su lecho y, por primera vez e