No queriendo seguir contemplando más la decadencia del lugar, cruzó la estancia hasta una pequeña puerta que estaba en el otro extremo de la habitación, adentrándose a otro pasillo en el que podía caminar sin preocuparse de ser vista.
Recorrió algunos más en la oscuridad, conociendo los caminos de memoria, hasta llegar a la biblioteca, con la esperanza de que nada hubiese sido movido.
Al ingresar, tomó una lámpara portátil de un estante que estaba cerca de la entrada y la envolvió con una de l