Harry Wood llegó a Seattle el miércoles de esa misma semana. Dalia lo esperaba en el aeropuerto, recibiéndolo con una cálida sonrisa. Juntos se dirigieron al hotel donde el Sr. Wood se hospedaría. Después de una tarde de sexo apasionado, ambos comenzaron a planear su estrategia.
—Escúchame bien, mi querida florecita. Teniendo en cuenta que lo que has hecho es, francamente, un desastre, desde ahora yo estoy a cargo. Hay ciertas cosas que debes tener claras —dijo Harry con tono firme.
Al escucharl