El lunes, Amira recibió una llamada inesperada de su amigo Harry Wood. Al atender, su voz fue profesional, pero amable.
—Hola, buenos días. Amira Gutiérrez, ¿con quién tengo el gusto?
Del otro lado, una voz familiar y cálida le respondió:
—¡Hola, mi querida Srta. Gutiérrez! ¿Cómo está? —dijo Harry, con una alegría sincera en el tono—. Qué pena me da saber que ni siquiera ha registrado mi número, cuando yo me sé el suyo de memoria —añadió en un tono cariñoso, con una pizca de reproche.
—¡Harry! Q