Mientras Dalia y Harry Wood conversaban, David, aprovechando la oscuridad de la noche sin luna, se dirigió sigilosamente hacia la cabaña de Astra. Al llegar, se vistió y golpeó la puerta con suavidad.
—Adelante, Alfa —respondió Astra, su voz serena y profunda resonando en la penumbra.
David entró, y la cálida luz de las velas iluminó su rostro, revelando la intensidad de su expresión. Astra le hizo un gesto para que tomara asiento.
—Hoy nuestra conversación será más larga que lo habitual —anunci