Epílogo.
La llamada llegó cerca del mediodía. David respondió con tranquilidad, aunque algo en su instinto ya lo había alertado.
—Hola, buenas tardes, Sr. Stone. Soy la directora del colegio en el que estudian sus hijos.
—Buenas tardes, señora directora. ¿En qué puedo ayudarle?
La mujer hizo una breve pausa, lo que solo aumentó la tensión en el pecho de David.
—Señor Stone, sería posible que usted y su esposa nos visitaran esta misma tarde, por favor. Ha surgido un inconveniente que debemos conversar.
—