Te conozco demasiado bien, mi amor.
David bajó del jeep con Amira profundamente dormida en el asiento del copiloto. Sus movimientos eran cuidadosos, casi reverentes, mientras la tomaba en brazos con una delicadeza que rara vez mostraba en su día a día. Zeus, su lobo interior, emitía un suave ronroneo de satisfacción. Ambos sabían que ella necesitaba descansar. Había sido el primero de muchos días de entrenamiento intensivo, y aunque su desempeño había sido excepcional, su cuerpo aún no estaba acostumbrándose a las exigencias de su