La Luna dio un paso hacia Lyra.
No caminó.
No flotó.
Simplemente estuvo ahí, como si el espacio hubiera decidido colocarla frente a ella.
Lyra tembló.
No por miedo.
Por la mezcla imposible de furia, dolor y esperanza rota que aún ardía en su pecho.
La Luna no habló.
En cambio, la luz plateada que habitaba en Kaelthar salió de su cuerpo como un suspiro vivo.
La entidad se deslizó hacia Lyra, envolviéndola con un calor suave, casi maternal.
Lyra no tuvo tiempo de retroceder.
La entidad la tocó en