En su mente, Lyra veía la ironía de haber regresado al pasado después de su muerte… solo para volver a morir sin ningún propósito.
Ciertamente, ya había cambiado su futuro: no se había unido a Ronan, aún no. Pero parecía que el destino retomaba su curso.
Súbitamente, la marca comenzó a arder en su brazo. No estaba segura de si era por miedo o por impotencia, pero empezó a notar que aquellas personas parecían supurar ceniza.
“Y yo que pensaba que estábamos bien resguardados en medio de estas montañas”, se dijo con ironía, preguntándose con qué tipo espeluznante de magia vendrían a atacarlos esos nuevos enemigos.
Lucian, en cambio, se había transformado parcialmente, como si fuera un escudo viviente, un muro que separaba a aquellos miserables de Lyra.
Y entonces lo escuchó.
Un sonido húmedo, atravesando carne, seguido del brote repentino de un líquido oscuro, parecido a la sangre por una herida que cruzaba el pecho de su atacante. El hombre cayó como si colgara de hilos invisibles, una