Unos días después.
—Vamos, apresúrate. Aún nos faltan varios kilómetros —le dijo Kaelthar a Lyra, marcando el ritmo del trote como si los treinta kilómetros que llevaban no fueran absolutamente nada.
Lyra respiró hondo. La mochila cargada de rocas le pesaba como si llevara un pedazo de montaña a cuestas. Cada paso hacía que las correas se clavaran en sus hombros, recordándole que el entrenamiento con Kaelthar no tenía nada de misericordioso.
Recordó el entrenamiento brutal que Lucian le había d