En lo profundo del bosque, la figura de un lobo negro se retorcía bajo la luz fragmentada de la luna. La transformación era lenta, antinatural, como si su cuerpo se resistiera a obedecer. La piel se desgarraba en tiras irregulares, los huesos crujían con un sonido seco, y los músculos parecían rebelarse contra la metamorfosis incompleta.
Ronan gruñía.
No de dolor.
De furia.
Cada espasmo era una humillación, un recordatorio de que algo se le escapaba de las manos. Su respiración era errática, pe