El aire en las ruinas de Luna Silente estaba cargado de ceniza, humedad y un hedor antiguo que no provenía solo de la piedra quemada, sino de la memoria misma.
Cada muro derruido parecía exhalar los últimos lamentos de una manada extinguida.
El eco del cuerno aún vibraba en la distancia, como una herida abierta en el cielo, recordándole a Lyra que ya no existía refugio alguno.
Ronan y Lucian se encontraban frente a frente en la antigua habitación del alfa, aquel que había sido la morada del eje