Lyra aún respiraba con dificultad cuando Lucian la sostuvo con más fuerza, como si temiera que pudiera desvanecerse otra vez entre sus brazos. Su piel seguía fría, demasiado fría, y su pulso era apenas un murmullo bajo sus dedos, como si su vida se aferrara a él por pura voluntad.
Kaelthar dio un paso adelante.
—No te levantes —ordenó, con una firmeza que no admitía discusión.
Lyra intentó incorporarse de todos modos, pero Kaelthar la sostuvo por los hombros y la obligó a recostarse de nuevo. S