El espejo siguiente se encendió con un estallido violento, como si el valle recordara una herida que aún ardía.
Lyra sintió que el aire se volvía pesado, cargado de un dolor antiguo que parecía filtrarse en sus huesos.
Batallas.
Sangre.
Aullidos.
La visión la arrojó al centro de un campo devastado.
El cielo estaba teñido de rojo, como si la Luna hubiera llorado fuego sobre la tierra.
Daryon —ya hecho un monstruo, irreconocible, con venas rojas brillando como lava viva— tomando almas de la desce