La música era suave, elegante… pero para Lyra sonaba como una sentencia de muerte.
Ronan la tomó por la muñeca con ese toque helado que ella recordaba demasiado bien, y la arrastró hacia el centro del salón como si fuera una pieza más de la decoración. Los invitados fingían indiferencia, pero cada mirada estaba clavada en ella. Siempre era así. Siempre había sido así.
—Deberías sentirte afortunada —susurró Ronan en su oído, con esa suavidad que solo anunciaba tormenta—. Ninguna esclava ha tenid