Lucian no se atrevía a besarla.
No importaba cuántas veces se lo ordenara, cuántas justificaciones construyera, ni cuántas paredes de hielo intentara levantar en su mente… sus labios no podían tocar los de Lyra. No había amor, ni pacto, ni intimidad verdadera entre ellos. Ni siquiera la sombra de una amistad.
Pero sí había algo más peligroso:
un destino retorcido al que ambos estaban encadenados.
Un plan en el que ella era la llave y él el verdugo.
Un plan que podría salvarlos… o destruirlos a