Aquellas fuerzas foráneas e indeseables hacían que el valle despertara en un gemido milenario, uno que guardaba una furia contenida entre heridas que no terminaban de olvidarse.
La bruma plateada se elevaba en espirales violentas, la bruma dorada descendió como una avalancha, y el humo rojo se expandió como un incendio vivo.
Tres colores.
Tres voluntades.
Tres destinos chocando en un mismo punto.
Lucian sintió el impacto en los huesos, como si el valle le recordara que nada de lo que estaba por