Aquellas palabras aterrorizaron a Gabriel cuando se las conté tiempo después. Pasó semanas sin dormir, paranoico con la idea de que Luciano intentara arrebatármelo.
Solo cuando Luciano fue llamado de regreso a los bosques del este por su manada, Gabriel pudo respirar tranquilo.
—Mejor que se haya ido. —Murmuró entonces.
Doce años. Doce años de paz. Y ahora, Luciano había regresado.
Pero esta vez no venía solo con amenazas: estaba tomando acción.
Las manos de Gabriel temblaban mientras sacaba su