De regreso en su oficina, Gabriel sacó el teléfono con los dedos temblorosos.
La ventana de chat conmigo seguía sin respuestas. Solo quedaban sus mensajes, cada vez más desesperados, colgados en un silencio digital.
Intentó llamarme de nuevo.
Fue directo al buzón de voz.
Mi voz, cálida y profesional, le respondió: «Has llamado a Aria Blanca. En este momento no puedo atenderte, pero...».
Colgó antes del tono, con el corazón hecho pedazos una vez más.
Recordar las palabras burlonas de Luciano al m