La mano de Gabriel se congeló sobre la manija de la puerta de la Casa de la Manada cuando unas voces se filtraron a través de la gruesa madera.
—La gerente Blanca acaba de irse y ya perdimos nuestras zonas de caza. ¿De verdad no te parece sospechoso?
La voz pertenecía a Marcos, uno de sus guerreros más veteranos. Gabriel apretó la mandíbula, pero permaneció en silencio, escuchando.
—Vamos, Marcos. Solo es una zorra tratando de seducir al alfa. ¿Qué habilidades reales podría tener? Es pura coinci