El Alfa se enteró antes de la cena.
No sé quién se lo contó.
Solo sé que me llamó.
Otra vez.
Mi estómago reaccionó antes que yo.
El mismo corredor.
La misma puerta.
La misma sensación de que siempre entraba en aquella habitación siendo culpable de algo que todavía no conocía.
—Cierra.
Lo hice.
El Alfa estaba de pie junto a la ventana.
—¿Qué has hecho ahora?
Me quedé inmóvil.
—No entiendo.
Se volvió.
—Kael está interrogando a media residencia por unos papeles viejos tuyos.
—Encontramos ejercicio