La lluvia nos encontró lejos de la residencia.
Muy lejos para correr.
Demasiado cerca para fingir que no iba a importar.
Habíamos salido con un pequeño grupo a revisar una zona de huertos dañada por el viento. Nick insistió en acompañar a Kael.
Yo fui porque Mara necesitaba comprobar unas plantas medicinales.
Nada romántico.
Nada peligroso.
Eso pensé hasta que el cielo se abrió.
El agua cayó de golpe.
En segundos estábamos empapados.
—¡Refugio! —gritó Kael.
Había una construcción vieja junto al