A la mañana siguiente descubrí que Elya tenía razón en una cosa.Nick seguía mirándome.Intenté convencerme de que era casualidad.No funcionó.Cada vez que entraba en el gran salón con una bandeja, sus ojos terminaban sobre mí. A veces solo durante un instante. Otras, el tiempo suficiente para que yo empezara a notar demasiado mis manos, mi forma de caminar o el mechón que se escapaba de mi recogido.Era incómodo.Y también otra cosa.Algo que no sabía nombrar.—Más recta.La voz del Alfa me hizo corregir inmediatamente la espalda.Llevaba toda la mañana especialmente pendiente de mí.Si colocaba una copa, observaba.Si cruzaba el salón, observaba.Si alguien me hablaba, observaba.No comprendía por qué.Nick estaba reunido con él, Kael y dos hombres de Colmillo Plateado, hablando sobre rutas que atravesaban el norte. Elya se había sentado cerca con la excusa de llevar unos documentos a su padre.Yo intentaba ser invisible.Era buena en eso.Hasta que una bandeja se inclinó.No fue c
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