La lluvia no aflojó.
Nosotros tampoco conseguimos volver a comportarnos como si nada.
Nick estaba sentado al otro extremo del banco.
Demasiado lejos.
Yo podía notar cada centímetro.
La manta seguía alrededor de mis hombros.
Tenía calor.
No por ella.
Miré sus manos.
Estaban cerradas.
Tensas.
—¿Estás enfadado?
Nick soltó una risa sin humor.
—No.
—Pareces.
—Estoy intentando no volver a tocarte.
Mi estómago se contrajo.
—¿Por qué?
Me miró.
—No hagas preguntas cuyas respuestas ya conoces.
Sentí calo