Faltaban tres días para mi cumpleaños.
Tres.
No necesitaba contarlos.
Mi cuerpo lo hacía solo.
Cada mañana despertaba con la misma pregunta antes incluso de abrir los ojos.
¿Hoy?
Y cada mañana la respuesta era la misma.
Nada.
Ninguna voz.
Ninguna presencia.
Ningún lobo moviéndose debajo de mi piel.
Solo yo.
Serafine.
Veinte años, a tres días de cumplir veintiuno, y todavía completamente sola dentro de mi propia cabeza.
Intenté trabajar.
No ayudó.
El miedo encontraba sitio entre cualquier tarea.