Capítulo 10 Casi

Conseguí pasar el resto de la mañana sin encontrarme con Nick.

No porque quisiera evitarlo.

Eso era lo peor.

Ahora sabía que no quería.

Cada vez que recordaba la conversación junto a la pared, una presión extraña aparecía en mi vientre.

Nick había estado tan cerca que podía recordar su olor.

La forma en que bajaba la voz.

Sus ojos cuando me preguntó si me disgustaba estar con él.

Intenté concentrarme en doblar manteles.

No funcionó.

—Eso va allí.

Mara señaló el otro extremo de la mesa.

Había colocado tres veces la misma pila en el lugar equivocado.

—Perdón.

—¿Qué te pasa hoy?

—Nada.

Mara me miró durante un segundo.

—Qué epidemia de “nadas” hay últimamente.

Seguí doblando.

Al caer la tarde me enviaron a recoger unas bandejas de una pequeña sala lateral.

Entré sola.

Nick estaba dentro.

Me detuve en la puerta.

Él levantó la cabeza.

—Empiezo a creer que Selene tiene sentido del humor.

—¿Qué?

—Cada vez que decido dejarte tranquila, apareces.

Mis labios quisieron moverse.

Los contuve.

—Solo vengo por las bandejas.

—Claro.

Estaban sobre una mesa detrás de él.

Tenía que acercarme.

No había forma de hacerlo sin parecer absurda.

Caminé hasta la mesa.

Nick se apartó.

Cogí la primera bandeja.

Un mechón de cabello cayó sobre mi mejilla.

Soplé intentando apartarlo.

No se movió.

Nick levantó la mano.

Me quedé quieta.

Sus dedos rozaron mi sien.

El mundo pareció hacerse más pequeño.

Muy despacio, apartó el mechón y lo colocó detrás de mi oreja.

Su mano no desapareció inmediatamente.

Las yemas de sus dedos rozaron mi mejilla.

Mi respiración cambió.

La de él también.

Nick bajó la mirada.

A mi boca.

Esta vez no podía fingir que no lo había visto.

Mis labios se separaron sin que quisiera.

Su pulgar quedó cerca de mi mandíbula.

No me aparté.

No sabía por qué.

O quizá sí.

Solo no quería decirlo todavía.

Nick inclinó ligeramente la cabeza.

Mi corazón golpeaba tan fuerte que me parecía imposible que él no lo escuchara.

—Serafine.

Nunca había oído mi nombre dicho así.

Bajo.

Casi áspero.

—¿Sí?

Su mirada volvió a mi boca.

La distancia desapareció poco a poco.

No de golpe.

Me dio tiempo para retroceder.

No lo hice.

Sentí su aliento.

El calor de su cuerpo.

Algo dentro de mí tiró hacia delante.

Ni siquiera tenía loba.

No podía culparla.

Era yo.

Nick se detuvo a centímetros.

—Si no quieres...

—Yo...

La puerta se abrió.

—Majestad.

Nos separamos como si alguien hubiese arrojado agua helada.

Kael se quedó en el umbral.

Sus ojos fueron de Nick a mí.

Después otra vez a Nick.

—El Alfa te espera.

El silencio fue insoportable.

—Claro —respondió Nick.

Kael desapareció.

Yo agarré la bandeja.

Mis dedos temblaban.

Nick se pasó una mano por el cabello.

—Serafine.

—Tengo que irme.

—Espera.

Lo miré.

Durante un instante pareció que iba a decir algo importante.

Después exhaló.

—Nada.

Cogí la segunda bandeja.

—Buenas tardes.

Caminé hasta la puerta.

—Serafine.

No quería girarme.

Lo hice.

Nick seguía junto a la mesa.

Sus ojos volvieron a bajar a mi boca.

—La próxima vez que quieras que pare, dímelo.

El calor me recorrió de pies a cabeza.

—No te dije que pararas.

El silencio cayó entre nosotros.

Comprendí lo que acababa de admitir.

Salí antes de morir de vergüenza.

No vi la figura que esperaba al final del corredor hasta que estuve demasiado cerca.

Elya.

Sus ojos bajaron hacia mis labios.

Después hacia la puerta que acababa de cerrar.

Su expresión se volvió fría.

—Vaya.

Seguí andando.

—Así que era verdad.

No pregunté a qué se refería.

Sabía exactamente qué había visto.

Y por primera vez, Elya no parecía simplemente celosa.

Parecía furiosa.

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