Mundo ficciónIniciar sesiónNo tuve que girarme para saber que Nick estaba detrás de mí.
Lo sentí.
En sus pasos.
En la forma en que mi espalda se tensó.
En ese calor extraño que siempre aparecía cuando él se acercaba demasiado.
—Serafine.
Me detuve.
No quería hacerlo.
El problema era que tampoco podía ignorar al Rey Alfa sin parecer insolente.
Me volví despacio.
Nick estaba a pocos pasos.
Kael había desaparecido.
Desde la galería superior, Elya seguía observando.
—Majestad.
Su expresión cambió.
—Otra vez eso.
—Es lo apropiado.
—Ayer no parecía preocuparte tanto lo apropiado.
Sentí calor en las orejas.
—Tengo trabajo.
Intenté marcharme.
Nick se desplazó ligeramente.
No bloqueó mi camino.
Solo consiguió que tuviera que pasar muy cerca de él.
Demasiado.
Me detuve otra vez.
—Llevas toda la mañana evitándome.
—No.
Una ceja oscura se levantó.
—Has cambiado tres veces de dirección cuando me has visto.
Mi estómago se encogió.
Así que lo había notado.
—Tenía cosas que hacer.
—En tres direcciones distintas.
No respondí.
Nick inclinó un poco la cabeza.
—¿Te he hecho algo?
La pregunta me desarmó.
Esperaba enfado.
Una orden.
Incluso burla.
No aquello.
—No.
—Entonces mírame.
Mis ojos subieron lentamente.
Error.
Estaba demasiado cerca.
La luz de la mañana marcaba una pequeña cicatriz junto a su mandíbula y hacía que sus ojos parecieran todavía más oscuros.
Olía a cuero, bosque y algo cálido que ya empezaba a reconocer como suyo.
—¿Te incomodo?
—No.
—¿Te asusto?
Abrí la boca.
La cerré.
Nick lo vio.
Su expresión perdió cualquier resto de diversión.
—Serafine.
—No eres tú.
La respuesta salió tan baja que casi no la escuché.
—Entonces hay alguien.
Miré hacia la residencia.
—No puedo hablar contigo.
Silencio.
Sus ojos se endurecieron.
—¿No puedes o no quieres?
No contesté.
—Eso pensaba.
Mi respiración se quedó demasiado arriba.
Nick dio un paso.
Yo retrocedí por instinto.
Mi espalda tocó la pared de piedra.
Me quedé inmóvil.
Él también.
La distancia entre nosotros se había reducido demasiado.
Nick bajó la mirada hacia mis manos.
Las tenía cerradas contra la falda.
Cuando volvió a mirarme, habló mucho más bajo.
—No voy a tocarte.
No sabía qué me avergonzó más.
Que hubiese notado mi reacción.
O que una parte de mí no tuviera miedo de que lo hiciera.
—Solo quiero que me respondas una cosa.
Asentí.
—¿El Alfa te ha ordenado mantenerte lejos de mí?
Mi corazón golpeó con tanta fuerza que supo la respuesta antes de que yo dijera nada.
—No puedo...
—No te estoy pidiendo que desobedezcas.
Su voz era tranquila.
—Te estoy preguntando si esa decisión es tuya.
Miré su pecho porque sus ojos eran demasiado difíciles.
—No.
La palabra salió.
Una sola.
Pero cuando la escuché, algo cambió entre nosotros.
Nick inspiró despacio.
—Bien.
Levanté la mirada.
—¿Bien?
—Sí.
—¿Por qué?
Una sombra de sonrisa apareció en su boca.
—Porque empezaba a pensar que no soportabas estar cerca de mí.
El calor me subió hasta la cara.
—No he dicho eso.
—Lo sé.
Su sonrisa aumentó apenas.
No parecía un Rey en aquel momento.
Solo un hombre demasiado consciente de que me estaba poniendo nerviosa.
—Entonces no te molesto.
—No.
—No te disgusta hablar conmigo.
—No.
—¿Y no me estás evitando porque quieres?
Negué.
La sonrisa desapareció lentamente.
Sus ojos se quedaron fijos en mí.
—Eso era lo que quería saber.
No se movió.
Yo tampoco.
La pared seguía detrás de mi espalda.
Nick estaba delante.
Y de repente fui demasiado consciente de la distancia exacta entre su cuerpo y el mío.
De su respiración.
De la mía.
De lo fácil que habría sido levantar una mano y tocar su camisa.
No sabía por qué pensé eso.
Me asustó hacerlo.
—Debería irme.
Nick dio un paso atrás inmediatamente.
El aire frío entró entre nosotros.
—Sí.
Pasé junto a él.
Su voz me alcanzó antes de que pudiera alejarme.
—Serafine.
Giré.
—No voy a obligarte a hablar conmigo.
Esperó un instante.
—Pero tampoco voy a fingir que no sé que alguien te está impidiendo hacerlo.
Mis dedos se cerraron sobre la falda.
Nick levantó la vista hacia la residencia.
Hacia las ventanas del Alfa.
Después volvió a mirarme.
—Y no me gusta demasiado que decidan por mí con quién puedo hablar.
Me marché antes de que pudiera responder.
Esta vez no miré hacia la galería.
No necesitaba hacerlo.
Sabía que Elya seguía allí.
Y había visto demasiado.







