Capítulo 89

La plaza amaneció con niebla baja que lamía los peldaños del Santuario como si el mismo valle escuchara con miedo. Los cofres abiertos aún tronaban en la memoria de la gente; los cascos y las tablillas ocupaban el centro como pruebas vivas. Kaeli caminó a la altura de la piedra central, respiró hondo y dejó que su voz, al pedir orden, cortara el murmullo.

—Hoy citaremos a declarar a todos los implicados —dijo—. Nadie hablé fuera de este perímetro. Proteged a los testigos. Y que la Corte no pien
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