La niebla matinal se disolvía en motas danzarinas cuando la caravana Volkov finalmente alcanzó el umbral del Corazón del Bosque. Los árboles centenarios formaban un pasillo de cortezas negras, con ramas entrelazadas como dedos apuntando al cielo gris. En el aire flotaba un calor suave: la semilla que crecía en el vientre de Kaeli palpitaba con un fuego propio, despertando resonancias ancestrales.
Kaeli avanzó a pie junto a Daryan, trabada a su brazo, mientras los guardias y lobeznos iban cerran