Adam
Adam caminó hasta dejar atrás las luces de la terraza.
Necesitaba distancia.
Muchísima.
Su lobo estaba furioso.
No con Emily.
Con él.
Compañera.
La palabra golpeó su cabeza como un latido.
—Cállate.
El animal no obedeció.
Adam apoyó ambas manos sobre un árbol y respiró profundamente.
Todavía podía sentir los dedos de Emily sobre su pecho.
La forma en que lo había mirado.
Desafiante.
Consciente.
Sexy sin fingir no saberlo.
Eso era lo peor.
Emily no era ingenua.
Sabía perfectamente qué efec