Nora
Caleb cerró la puerta.
Despacio.
Demasiado despacio.
Después se quedó apoyado contra ella con el torso desnudo y una expresión que Nora no le había visto nunca.
Ya no era el hombre que hacía bromas.
Ni el que unos minutos antes la había besado contra aquella misma puerta hasta conseguir que olvidara por completo dónde estaba.
Era otra persona.
—¿Qué significa eso? —preguntó.
Caleb respiró profundamente.
—Nada que tengas que solucionar tú.
Nora lo miró.
—No vuelvas a hablarme como si fuera