Mundo ficciónIniciar sesión—No perdono a mis enemigos. La única forma de que salves a tu padre es que hagas un trato conmigo. Lentamente, el Alfa Leonardo se inclinó hacia adelante. Sus labios se acercaron a mi oído, enviando un escalofrío por mi columna mientras susurraba cruelmente: —Sé mi mascota durante un año. Nunca imaginé que «ser su mascota» sería la petición de la bestia a cambio de la vida de mi padre. Pero entonces… Eira Rowan, a punto de salvar a su padre, quien le había robado al despiadado Alfa de su manada, el Alfa Leonardo, cerró un trato mortal. A cambio de la libertad de su padre, firmó un contrato con la bestia: ser su mascota durante un año. El Alfa Leonardo nació en el seno de una familia mafiosa y asumió el puesto de Jefe de la Mafia a una edad temprana. Era un hombre que no creía en el amor, el destino, el vínculo de compañeros ni en «cualquier tontería que sonara parecido», según sus propias palabras. Pero cuando conoció a Eira, la pequeña y testaruda Omega, ella despertó su interés y decidió jugar con ella. ¿Qué ocurrirá cuando Eira descubra quién es su compañero predestinado después de haber hecho un trato con el diablo? ¿Este trato destruirá la vida de Eira o le mostrará un mundo que nunca imaginó que podría ser hermoso? Acompáñanos en este viaje de odio, romance, suspenso y destino.
Leer másEira;
¿Alguna vez has dicho unas palabras que jamás tuviste la intención de pronunciar frente al terror, y esas mismas palabras se volvieron en tu contra cien veces peor? Sí… esa soy yo ahora mismo, frente al Alfa Leonardo, cuyos aterradores ojos parecían atravesarme el alma, haciendo que mi corazón latiera desbocado por el pánico.
Siempre supe que mi lengua afilada me metería en problemas algún día, y sí, así fue. Y no fueron unos problemas cualquiera. Y ahora mismo, solo espero no terminar muerta junto a mi padre, cuando la única razón por la que abrí la boca fue para salvarlo de la bestia: el Alfa Leonardo.
El Alfa Leonardo dio un paso más hacia mí. Su mano me sujetó la mandíbula mientras hundía en ella sus afiladas garras. Su rostro se deformó en una mueca de desprecio.
—Veo que tienes una lengua bastante afilada. Será un honor para mí cortarla en pedacitos.
Me lanzó el rostro hacia un lado con violencia, haciendo que mi cuello se doblara bruscamente.
—Traigan al idiota y córtenle la mano por robar mi dinero —ordenó el Alfa Leonardo.
Al instante, sus hombres vestidos de negro se abalanzaron sobre mi padre.
—¿Qué clase de Alfa trata a uno de los suyos como un pedazo de m****a solo por treinta mil dólares? ¡Debería caérsete la cara de vergüenza! —le grité, mientras las lágrimas volvían a llenar mis ojos.
Mis propias palabras sonaban como una sentencia de muerte.
El Alfa Leonardo extendió un brazo hacia sus hombres, con la palma abierta a modo de señal.
—Suelten al sucio ladrón.
Sus agresivos hombres lo soltaron de inmediato.
Su mirada ardiente se posó sobre mí.
Una leve sonrisa apareció en sus labios mientras caminaba lentamente hacia mí. Colocó un dedo bajo mi barbilla y me levantó el rostro.
—Parece que a esta pequeña preciosidad le gusta hacerse la valiente. Dime, ¿qué tan bien juegas al ajedrez?
Su dedo descendió lentamente hasta mis clavículas.
Mi corazón latía tan rápido que parecía a punto de estallar. Las piernas me temblaban mientras luchaba por mantenerme en pie, con el sudor brillando sobre mi frente y mi barbilla. Ni siquiera sabía qué estaba haciendo al enfrentarme a un Alfa tan despiadado y letal. Solo esperaba que hoy no fuera mi último día sobre la tierra.
—Solo... perdónale la vida a mi padre. Te prometo que encontraremos la manera de devolverte tu dinero —tartamudeé, obligándome a pronunciar cada palabra.
Las comisuras de los labios del Alfa Leonardo se elevaron, dejando al descubierto sus dientes. Sus ojos se entrecerraron ligeramente, formando una red de finas líneas que parecían irradiar maldad. Su sonrisa era fría.
—No perdono a mis enemigos. La única forma de que salves a tu padre es haciendo un trato conmigo.
Lentamente se inclinó hacia mí. Sus labios quedaron muy cerca de mi oído, enviando un escalofrío por toda mi espalda mientras susurraba con crueldad:
—Sé mi mascota durante un año a cambio de la libertad de tu padre.
Su voz ronca sonó amenazante.
Cuando volvió a apartarse, vi el perverso deseo que llenaba los ojos de aquella bestia.
Mi mirada se desvió hacia mi padre, que permanecía encogido y temblando sobre el frío suelo, cubierto de moretones. Sabía que tenía el repugnante hábito de apostar, pero no merecía morir.
Sí, mi padre le robó al Alfa Leonardo, y también había robado a muchas otras personas. Pero esta vez lo hizo por una buena causa. Mamá se estaba muriendo y necesitábamos dinero para la operación de su corazón.
Era una situación desesperada. Mi padre no tenía un solo centavo porque había perdido todo apostando, dejándonos a mamá y a mí sumidas en la más absoluta pobreza. Mi padre le había robado a todo el mundo: vecinos, compañeros de trabajo, familiares e incluso a mamá.
La enfermedad de mamá llegó en el peor momento posible. Quiero decir, nunca existe un momento perfecto para enfermarse, pero este era el peor de todos. No teníamos dinero ni para los medicamentos, mucho menos para pagar la factura del hospital. ¿Cómo íbamos a costear una operación del corazón si apenas podíamos permitirnos llevar un plato de comida a la mesa?
Tuve que abandonar la escuela para conseguir dinero para el tratamiento de mamá. En muchos de los lugares donde busqué trabajo me rechazaron porque aún no tenía la edad legal para trabajar. No teníamos a nadie que pudiera ayudarnos.
¿Qué podía hacer una Omega de diecisiete años como yo en un mundo tan solitario? No estaba de acuerdo con que mi padre robara, pero, en esta ocasión, no podía reprochárselo.
Ahora tendría que tomar una decisión terrible que podría condenarme al infierno, solo para salvar a mi padre. Sé con certeza que, si mi padre muere, mamá terminará siguiéndolo. Así de fuerte era el vínculo de compañeros predestinados que compartían.
Al volver a mirar a la bestia que tenía delante de mí, con aquella sonrisa complacida dibujada en los labios, jamás imaginé que «yo, convertida en su mascota» sería la condición que exigiría a cambio de la vida de mi padre.
¿Ves a esta bestia que tengo enfrente? Era lo peor de su especie.
El Alfa Leonardo era el Alfa de nuestra manada, pero todos lo odiaban y le temían.
Habíamos oído rumores de que había matado a muchísimas personas, igual que su difunto padre, quien también había sido un hombre despiadado. El Alfa Leonardo nació en la familia más poderosa del mundo. Tras la muerte de su padre, asumió el puesto de Alfa de nuestra manada, la Manada del Lago Plateado, y también fue nombrado heredero del despiadado imperio empresarial de su familia.
Sin embargo, era joven.
Había oído que muchas lobas de alto rango lo deseaban como amante y estaban dispuestas a hacer cualquier cosa con tal de tenerlo. Solía dudar de que estuvieran tan obsesionadas con el Alfa Leonardo... hasta el día en que lo vi por primera vez en el mercado.
Tenía la estatura perfecta, medía casi un metro ochenta, un rostro bien proporcionado y una nariz finamente esculpida. Sus ojos marrones eran tan hermosos que, por un instante, casi lo confundí con una mujer de extraordinaria belleza. Su cuerpo también era perfecto: atlético y bien definido.
Nunca había visto a un hombre tan perfectamente creado por la Diosa. Pero su personalidad lo arruinaba todo. Era despiadado y cruel, orgulloso y arrogante. Una bestia repugnante que no sentía el menor respeto por los miembros de su propia manada.
Todos lo detestaban, y yo encabezaba esa lista. Mi odio hacia él aumentó después del incidente ocurrido en el mercado, cuando sus hombres derribaron a una anciana y ninguno de ellos fue capaz siquiera de abrir la boca para ofrecer una disculpa.
Ese día, el Alfa Leonardo pasó junto a mí mientras yo ayudaba a la anciana a ponerse de pie. Llevaba en el rostro aquella sonrisa malvada y cruel... la misma que tenía ahora delante de mí.
Tragué con dificultad el nudo que tenía en la garganta y volví a fijar la vista en el Alfa Leonardo.
—Haré todo lo que desees de mí, pero asegúrate de no volver a tocar ni un solo cabello de la cabeza de mi padre.
Él soltó una risa cargada de malicia, aunque esta se transformó en una leve sonrisa burlona casi al instante.
—Traigan el pagaré de su padre.
Le ordenó a uno de sus hombres, quien abrió un maletín, sacó una hoja de papel y se la entregó.
El Alfa Leonardo tomó mi pulgar y clavó un objeto afilado en él, provocando un dolor intenso que recorrió mis venas. Las lágrimas brotaron de mis ojos y resbalaron por mis mejillas. Unas gotas de sangre salieron de mi dedo, y él lo presionó a la fuerza sobre el lugar del documento donde estaba escrito el nombre de mi padre.
—Nuestro contrato está sellado.
Lo dijo con frialdad antes de soltar mi mano de un brusco movimiento. Luego volvió el rostro hacia sus hombres.
—Pueden desatar al viejo.
La orden salió de sus labios con absoluta indiferencia.
Mi mirada se dirigió de inmediato hacia mi padre. Estaba a punto de correr hacia él cuando sentí un fuerte tirón a un lado.
Antes de que pudiera decir una sola palabra, mis pies dejaron de tocar el suelo. El Alfa Leonardo me había cargado sobre su hombro derecho, con el vientre apoyado sobre él y las piernas colgando en el aire, mientras salía de nuestra pequeña casa conmigo a cuestas.
Intenté liberarme, pero de pronto me arrojó al asiento trasero de su automóvil y cerró la puerta de un portazo. Me estremecí de miedo.
El Alfa Leonardo tomó asiento en la parte delantera y su conductor arrancó el vehículo sin decir una sola palabra.
Fue en ese preciso instante cuando comprendí que yo sola acababa de arrastrarme al mismísimo infierno.
Alfa Leonardo;Este pequeño demonio frente a mí no ocultaba el disgusto que atravesaba su rostro. Por la forma en que sus pequeños labios se torcieron ligeramente al mencionar la Cumbre de Manadas, algo misterioso estaba pasando por su mente.—Tú... —La miré fijamente—. Tienes alguna estupidez rondando por esa cabeza. Yo...—¿Qué? —Intentó alejarse, pero la mantuve en su lugar.—Sea lo que sea, ni se te ocurra llevarlo a cabo. Haré que te corten la cabeza.Dicho eso, solté sus brazos y salí de la habitación. Pero me aseguré de cerrarla con llave.No quería ver su estúpida cara fuera de esa habitación, ni permitir que le contara a Freya la verdad. La marca que llevaba y el acuerdo del contrato serían un secreto entre yo, Lyrik, Max y ella. Los otros dos —Lyrik y Max— jamás hablarían de ello a menos que se los ordenara.Mi único problema era ella: mi mascota. Pero la vigilaría de cerca y me aseguraría de que no dejara escapar ni una palabra.Al regresar a mi despacho, mis ojos encontrar
Eira;La rabia y la frustración no dejaban de recorrer mis venas mientras seguía encerrada allí día tras día. La orden que la bestia me había dado era imposible. No podía rechazar a mi compañero predestinado. En nuestra manada era prácticamente un tabú que una mujer rechazara a su compañero predestinado sin una razón de peso.Había castigos para cualquier mujer que se atreviera a hacerlo. El hombre que la Diosa te había destinado era con quien debías estar, o serías desterrada. La única forma de evitarlo era que tu compañero predestinado también quisiera lo mismo o que estuvieras dispuesta a renunciar a tu manada.La bestia conocía perfectamente esa verdad porque era el Alfa, pero aun así no le importaba lo que pudiera pasarme. (Bufé con incredulidad).... ¿Qué estaba esperando de un animal?No me malinterpreten, tampoco tenía intención de quedarme con mi supuesto compañero predestinado, incluso si lo hubiera conocido fuera de esta mansión. El simple hecho de que perteneciera a la fami
Alfa Leonardo;Han pasado tres días y mi mascota sigue encerrada en mi habitación. Se ha negado a obedecer mi orden de rechazar a mi hermano, y quería ver cuánto tiempo sería capaz de resistir cuando la vida de su padre estaba en juego.Ninguna persona razonable elegiría ese absurdo vínculo de compañeros predestinados por encima de la vida de un ser querido. Esta era una oportunidad de oro para ocuparme de mi estúpido hermano.Además, ¿por qué la Diosa Luna le concedería a un bastardo despiadado, que ha acabado con la vida de tantas personas, el destino de ser el compañero predestinado de una chica inocente?Sé que soy brutal, pero mi medio hermano ilegítimo, Vogarth, era aún más despiadado. Su crueldad no tenía límites y no respetaba a nadie, ni siquiera a su propia familia.Es cierto que en las familias poderosas las traiciones eran frecuentes, pero nuestra familia, los Demarco, era diferente. Nosotros creíamos en los lazos familiares y odiábamos a los traidores. Supongo que era par
Eira;El Alfa Leonardo se inclinó hacia mí. Sus ojos seguían clavados en mis pechos, como el pervertido que era.—Suéltame ahora mismo.Forcejeé para liberarme de él, pero una sonrisa siniestra se dibujó en sus labios.—Tú no pones las reglas. Las pongo yo —susurró con frialdad.Acercó el rostro a mi cuello. Sentí el cálido aliento que escapaba de su nariz mientras rozaba mi piel.Después volvió a mirarme a los ojos.Tragué con dificultad el nudo que tenía en la garganta.Era innegablemente atractivo, y no estaba segura de que alguna mujer fuera capaz de resistirse a él. Mi mirada descendió por un instante hasta sus labios y no pude evitar fijarme en lo suaves y ligeramente rojizos que eran.Por un momento...Olvidé quién era.Acercó lentamente sus labios a los míos, haciendo que mi corazón se acelerara. Sentí la dureza de su miembro a través de la ropa cuando su cuerpo se apretó contra el mío, rozándome suavemente el abdomen. Un leve gemido escapó de sus labios.—Alfa, por fav...Int
Último capítulo