Capítulo 56. Paranoia
Entré a la mansión, sintiendo el silencio pesado del lugar. Me obligué a poner la cara de heredera cansada. Solo vi a una empleada que entraba a la cocina; no estaba mi tía, ni Alejandro, ni nadie conocido en la sala.
Subí las escaleras raudamente, casi veloz. Realmente no quería hablar con nadie. Estaba exhausta.
Al entrar a mi habitación, me lancé en la cama. Mi plan era sumergirme en el edredón y no salir.
Pero algo me hizo saltar. Para mi sorpresa, Alejandro estaba allí. Estaba sentado en e