Capítulo 88. La Costa Amalfitana
El mar Tirreno se extendía ante nosotros como un manto de zafiro líquido, infinito y profundo. Estábamos a bordo del Speranza II, un yate de lujo de sesenta metros que Alejandro había fletado para nuestra luna de miel.
Atrás habían quedado las colinas de la Toscana y la solemnidad de nuestros votos bajo los olivos.
Ahora, el escenario era la imponente verticalidad de la Costa Amalfitana, con sus casas de colores colgadas de los acantilados de Positano, viéndonos pasar como una mancha blanca y v