Capítulo 46. Nada dulce
Yo seguía sentada en el despacho de Alejandro, tratando de procesar lo que me había dicho. El espía estaba dentro de la firma. Yo estaba aterrorizada, pero él tuvo que irse a una junta de emergencia. Me dejó sola, con la lista de empleados que ahora se sentía como una lista de traidores.
Estaba revisando los nombres cuando mi puerta se abrió y mi tía Eva abruptamente entró sin avisar. Me levanté asombrada.
—¡Tía Eva! —exclamé, pero la sorpresa fue genuina. No me esperaba que viniera a buscarme—