26. El juramento de los tres
Mariel
El umbral de los túneles no huele a muerte, pero tampoco huele a hogar, sino a piedra húmeda, sal fresca y antorchas encendidas hace poco. Es un olor nuevo para mí, mezcla de inicio y despedida. Me tenso sin querer.
Kael está de pie en el centro del corredor, donde el suelo se abre en una especie de ensanchamiento natural. A sus pies hay un círculo de sal blanca, gruesa, impecable.
En el centro, una piedra plana, oscura, con vetas rojizas. La luz de las antorchas proyecta sombras largas