Cuando Julieta vio llegar a Brandon, era demasiado evidente lo que había pasado en la junta. No era como si esperara algo distinto, pero, aun así, la confirmación fue dolorosa.
—Estaré en mi despacho; que nadie me moleste, por favor —avisó él, subiendo las escaleras como si arrastrara en los pies el peso de dos grilletes.
Tuvo el ligero impulso de seguirlo, de decirle cualquier cosa, quizás no hablar y solo abrazarlo, pero se detuvo. De cierto modo, entendía que este era un momento muy persona