Cruzo la puerta principal de la mansión Bianchi con toda la intención de dar por finalizado ese día, cuando su pequeña hija, Luna, corrió en su dirección para recibirla con un abrazo, pero se desplomó en el proceso.Su cuerpo cayó sin fuerzas sobre el piso de mármol y lo presenció todo a cámara lenta, sin que pudiera hacer nada para evitarle el golpe.—¡Luna! —gritó, arrodillándose junto a ella.Su hija estaba pálida y tan débil. Le dolía el corazón de solo verla.—Hay que llevarla al hospital —dijo su esposo a su lado, tratando de tomarla en brazos.Sin embargo, en un gesto maternal y tonto, la apretó más fuerte contra su pecho, temiendo soltarla. No porque desconfiara de su marido, sino porque estos episodios se habían estado repitiendo tanto que temía que un día, simplemente, su pequeña ya no despertaría.Como de costumbre, pasó la madrugada en la clínica mientras su hija era sometida a un examen tras otro.De pie frente al gran ventanal de la suite VIP del hospital, veía su reflej
Leer más